
I am the sun, I am the New Year is conceived as a playground for joyful revolution. Drawing from the spirit of Dada, Marcel Duchamp, and Federico García Lorca, the exhibition rejects authoritarianism and its unnatural systems of oppression, while engaging with the uneasy presence of historical ghosts. These tensions unfold across the dance floor, the chessboard, the depths of the sea, and the surface of the moon.
I Am the Sun, I Am the New Year
Single act
By: Luis Felipe Fabre
Characters:
Federico García Lorca
Marcel Duchamp
Marcel Dzama
Location: Galería OMR, Mexico City
*
Lorca: Good evening! Is this where the play is being performed?
Duchamp: A play? I certainly hope not! I came because I was told there would be a chess match.
Dzama: My apologies, distinguished gentlemen. This is neither a play nor a chess match—though it may contain a bit of both. It is merely the exhibition text for my show. I regret the misunderstanding.
Duchamp: What a mix-up—or what a coincidence!
Dzama: The fault lies with the author of this pamphlet: I asked him to summon you here out of deep admiration and, as you may have noticed, because of the profound imprint you’ve left on my work. But you know poets: to land a verse, they are capable of the lowest indignities—lies, deceptions…
Duchamp: So you’ve chosen to sacrifice your pawn. A good move!
Lorca: No poet is ever a pawn. I don’t know the author of this text, but I can assure you: we poets are all queens.
Duchamp: Check! It seems that, after all, we are in a game of chess.
Dzama: Would you care for a drink? I think we have wine, tequila, sparkling water…
Duchamp: And by the way—who are you?
Dzama: Marcel, a pleasure.
Duchamp: Marcel? What a coincidence! Sometimes I’m Marcel too… Though lately I feel more comfortable being Rrose. What a mess! Don’t you ever get tired of being Marcel?
Dzama: I like masks.
Lorca: I like masks too! What a coincidence!
Dzama: Look, Federico—another coincidence. Over there on the wall, a film I made about your terrible murder at the hands of the fascists is being projected…
Lorca: How dreadful! I mean—what an honor! I mean—what a mess! I mean: I thank you sincerely for the coincidence, though I’m afraid I cannot watch it. Who could bear to witness their own execution? Still, I’m sure it must be beautiful… I mean—brutal. I mean: as long as it’s not titled Un Chien Andalou: Reloaded, I’ll be satisfied…
Duchamp: Actually, it seems to me that all the images in this exhibition are arranged like the frames of a silent film—one that would be impossible to make.
Lorca: I’m particularly fond of those watery drawings over there. They remind me of some costumes I designed when I worked in theater; or of the starry sky reflected on the sea…
Dzama: The large ones? Those relate to environmental catastrophe, climate change…
Lorca: Ah, then you’re like me: whenever I try to write about horror, only splendor comes out. What a mess! What a coincidence!
Dzama: I like your drawings very much, Federico—and of course, your poems as well…
Duchamp: More than environmental catastrophe, those drawings make me think of a chessboard. But everything makes me think of a chessboard—don’t mind me.
Lorca: It’s true! They resemble the sky reflected in nocturnal waters: a chessboard of stars!
Duchamp: Star chess! What a beautiful image! You are unmistakably a poet!
Lorca: Thank you, but the image isn’t mine—what a mix-up! It belongs to António Vieira, a seventeenth-century Portuguese Jesuit who wrote in one of his sermons: “Did God not make the sky like a chessboard of stars?” Isn’t that marvelous?
Duchamp: Marvelous indeed—because the beauty of the sentence undoes and exceeds what it claims to mean. The poetic power of star chess triumphs over God’s creative will—which doesn’t exist in the first place. Buñuel always knew it: priests are the true surrealists.
Dzama: Enough with sermons and priests! In the end, a chessboard is nothing more than a dance floor. Would you honor me with a dance?
Lorca: The three of us? In the same game? Who’s white, who’s black? Never mind! It doesn’t matter! Long live freedom!
Duchamp: I’m afraid I’m far too old for such things. I prefer the dance of ideas to the dance of bodies.
Lorca: Knights, rooks, bishops, queens—who cares! We are all one single body; what changes are the masks. What a coincidence!
Dzama: It would be just one song… but the choreography would be that of the stars in the sky…
Lorca: Kings, pawns... It’s always the same dance. What changes are the bodies. What a mess! Where are the musicians?
Duchamp: Thank you, thank you, but I think I’ll go take a look in the other room. I want to see the Leonora Carrington paintings. Even though I’m not one for nostalgia, I haven’t heard from her in many youths, and I’m quite fond of her… What a coincidence! Congratulations on your exhibition, Federico. I mean—Marcel! What a mix-up! My apologies. Good night, Marcel. Good night, Federico.
Dzama: Thank you for coming, Rrose! May you have a glistening night! Astral games of chess reflected in the dark, choppy waters of art!
Lorca: Poet!
Inspirándose en el espíritu de Dadá, Marcel Duchamp y Federico García Lorca, la exposición rechaza el autoritarismo y sus sistemas antinaturales de opresión, mientras dialoga con la inquietante presencia de fantasmas históricos. Estas tensiones se despliegan a través de la pista de baile, el tablero de ajedrez, las profundidades del mar y la superficie de la luna.
I Am the Sun, I Am the New Year
Acto único
Por: Luis Felipe Fabre
Personajes:
Federico García Lorca
Marcel Duchamp
Marcel Dzama
Lugar: Galería OMR, CDMX.
*
Lorca: ¡Buenas noches! ¿Aquí es donde presentan la obra de teatro?
Duchamp: ¿Una obra de teatro? ¡Espero que no! Yo vine porque me dijeron
que iba a llevarse a cabo una partida de ajedrez.
Dzama: Una disculpa, distinguidos señores. Esto no es una obra de teatro ni
una partida de ajedrez aunque algo tenga de ello: es solo el texto de sala de mi exposición.
Lamento el malentendido.
Duchamp: ¡Vaya confusión o vaya coincidencia!
Dzama: La culpa es del autor de este panfleto: yo le pedí que los convocara
por lo mucho que los admiro y, como podrán apreciar, por su profunda huella en mi trabajo,
pero ya saben que los poetas, con tal de lograr un verso, son capaces de las peores bajezas,
engaños y mentiras...Duchamp: ¿Así es que ha optado usted por sacrificar a su peón? ¡Buen
movimiento!
Lorca: Ningún poeta es peón de nadie: no conozco al autor de este texto, pero
les aseguro que todos los poetas somos reinas.
Duchamp: ¡Jaque! Me parece que, a fin de cuentas, estamos en una partida de
ajedrez.
Dzama: ¿Gustan algo de tomar? Creo que hay vino, tequila, agua mineral...
Duchamp: Y, a todo esto, ¿quién es usted?
Dzama: Marcel, encantado.
Duchamp: ¿Marcel? ¡Vaya coincidencia! A veces yo también soy Marcel...
Aunque últimamente me siento más cómodo siendo Rrose. ¡Vaya confusión! ¿No le pasa a
usted también que se aburre de ser Marcel?
Dzama: Me gustan las máscaras...
Lorca: ¡A mí también me gustan las máscaras! ¡Vaya coincidencia!
Dzama: Mire Federico, otra coincidencia: en la pared de allá se está
proyectando justo ahora una película que hice sobre su terrible asesinato a manos de los
fascistas...
Lorca: ¡Qué horror! Quiero decir: ¡Qué honor! Quiero decir: ¡Vaya confusión!
Quiero decir: Le agradezco de corazón la coincidencia, aunque me temo que no soy capaz de
verla. ¿Quién puede presenciar como espectador su propia ejecución? Pero estoy seguro que
ha de ser muy hermosa.. Quiero decir: brutal. Quiero decir: Con tal de que no se titule Un
perro andaluz reloaded me doy por satisfecho...
Duchamp: En realidad, me parece, todas las imágenes de esta exposición se
articulan como fotogramas de una película muda e infilmable...
Lorca: A mí me gustan esos dibujos acuáticos de ahí: me recuerdan a unos
vestuarios que diseñé cuando andaba de teatrero, o al cielo estrellado reflejado en el mar...
Dzama: ¿Esos grandes de ahí? Esos tienen que ver con la catástrofe
medioambiental, el cambio climático...
Lorca: Ah, entonces a usted le pasa como a mí, que cuando quiero escribir
sobre el horror me salen sólo preciosuras... ¡Vaya confusión! ¡Vaya coincidencia!Dzama: A mí me gustan muchísimo sus dibujos, Federico, además, claro, de
sus poemas...
Duchamp: Más que a la catástrofe medioambiental, a mí esos dibujos me
hacen pensar en un tablero de ajedrez... Pero a mí todo me hace pensar en un tablero de
ajedrez... No me hagan caso.
Lorca: ¡Es verdad! Semejan el cielo reflejado en el agua nocturna: ¡un ajedrez
de estrellas!
Duchamp: ¡Ajedrez de estrellas! ¡Qué hermosa imagen! ¡Indudablemente es
usted un poeta!
Lorca: Gracias, pero la imagen no es mía, ¡vaya confusión!, sino de Antonio
Vieyra, un jesuita portugués del siglo XVII que en uno de sus sermones escribió: "No hizo
Dios el cielo como ajedrez de estrellas..." ¿No es maravilloso?
Duchamp: Ciertamente es maravilloso porque la belleza de la frase desdice y
excede lo que pretende decir: el poder poético del ajedrez de estrellas triunfa sobre la
voluntad hacedora de Dios, que además no existe... Buñuel lo supo siempre: los curas son los
verdaderos surrealistas...
Dzama: ¡Basta de sermones y curas! Un tablero de ajedrez en última instancia
no es sino una pista de baile. ¿Me concederían el honor de bailar conmigo?
Lorca: ¿Los tres? ¿En una misma partida? ¿Quién las blancas, quién las
negras? ¡Bueno! ¡No importa! ¡Viva la libertad!
Duchamp: Me temo que estoy muy viejo ya para esas cosas y prefiero la danza
de las ideas que la danza de los cuerpos.
Lorca: Caballos, torres, alfiles, reinas... ¡Qué mas da! Somos todos un mismo
cuerpo, lo que varía son las máscaras. ¡Vaya coincidencia!
Dzama: Sería sólo una canción... pero la coreografía sería la de las estrellas en
el cielo...
Lorca: Reyes, peones... Siempre es la misma danza: lo que varía son los
cuerpos. ¡Vaya confusión! ¿Dónde están los músicos?
Duchamp: Gracias, gracias, pero creo que mejor voy a ir a echar un ojo a la
otra sala, quiero ver las pinturas de Leonora Carrington: aunque no soy muy dado a la
nostalgia, hace muchas juventudes que no sé de ella y le tengo aprecio... ¡Vaya coincidencia! Felicidades por su exposición, Federico. ¡Marcel, quise decir! ¡Vaya confusión!
¡Una disculpa! Buenas noches, Marcel. Buenas noches, Federico.
Dzama: ¡Gracias por venir, Rrose! ¡Resplandecientes noches tenga usted
siempre! ¡Astrales partidas de ajedrez reflejadas en las aguas oscuras y agitadas del arte!
Lorca: ¡Poeta!
Por Mauricio Marcin
Cuerpos.
Cuerpos en una incesante recreación, en iteraciones fantasiosas cuerpos y cuerpas, cuerpxs contrahechxs, bellxs cuerpxs
cuerpos hasta que la repetición los haga sonar vacíos.
Cuerpos de obra, obras-cuerpos, cuerpos de ingenieros, cuerpos colectivos, cuerpos.
Adolfo Riestra se empeñó en una osada repetición para destruir una tradición y hacer posible la aparición de otra anormal.
Sus dibujos están poblados de cuerpos proscritos, son una somateca revolucionaria —para su época, los ochenta, y para la nuestra— porque reclaman una desidentificación. Sus seres se niegan a la construcción de un ego estable, a las identificaciones identitarias, huyen de la fijación a través de la contradicción: son tintas inmóviles que persiguen la ligereza y la mutabilidad del viento.
Esa somateca está plagada de invenciones monstruosas y hermosas, brazos que se alargan hasta la defectuosidad, torsos que se tuercen, muslos inflamados, pitos hinchados, tetas en esteroides, caídas, culos infraleves, criaturas hermafroditas. Todo en sus dibujos es defecto, deseo abyecto, formas caprichosas. Sus dibujos no se oponen a la belleza, sino que la implantan con otros cánones: su canto es el de un pájaro que pocos entienden.
Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos; yo creo que si hubiera alguna duda sobre la autenticidad del Alcorán, bastaría esta ausencia de camellos para probar que es árabe. Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes.1
De la obra de Adolfo no se puede decir lo mismo que Borges hizo con el Corán. Adolfo tuvo que inventar en cada dibujo lo que deseaba que existiera en la realidad; en una operación simbólica-demiúrgica hizo que cada pintura prodigara consistencia al mundo y es que hacer arte es hacer brotar el espacio que se desea habitar.
A Adolfo le compete el reconocimiento —junto a muchxs otrxs— de esa operación política y estética. La obra, el cuerpo de obra de Adolfo, es un grito en el medio de un cráter, un cráter que deviene playa, un placer que deviene muerte, una espiral.
Esa espiral procura una trayectoria iconoclasta y ateísta. Su incesante, delirante y frenética producción son un embate contra la “realidad natural” y una posibilidad de existencia chueca que lucha por formas de vida que no estén reguladas por la patriarcalidad.
Su época estuvo signada por un tropo incompleto, o como la llama Paul B. Preciado, por una revolución fallida: “los movimientos anticoloniales, antirracistas, feministas y homosexuales, de las revueltas de travestis y trans, de Panteras Negras, de Woodstock y de Stonewall habría dejado paso a la era Regan y Thatcher”3. En México se abrió la era conservadora y neoliberal de Miguel de la Madrid tras el “milagro mexicano”.
En el panorama cultural, la diversa época de los ochentas —fecunda para las revisiones genealógicas aún por realizar— se encasilló sobre todas las otras tendencias bajo el concepto de los “nuevos mexicanismos”. No intentaré aquí una valoración profusa del fenómeno pero sí diré que el neomexicanismo puede ser leído como un movimiento conservador que dilató las etiquetas de “lo mexicano”4, paradójicamente además, porque muchxs de quienes se vieron relacionados con esta tendencia sostenían posturas estéticas y sexuales disidentes. En pocas palabras, el neomexicanismo re-inventó, o dicho mejor, actualizó las ansias identitarias nacionalistas: creación de un producto transparente empaquetado para su comercialización y exportación. La nacionalidad se convirtió en commodity, el gran giro modernizador5. A ello, Riestra se opone con la des-identidad. Glissant y su defensa del “derecho a la opacidad” es cercano a esta idea desidentitaria. Las obras de Riestra reclaman, por partida doble, un entendimiento a lxs seres divergentes mediante un lenguaje “entendible”, y protegen y respetan los deseos antinómicos de quienes siguen siendo ilegibles u opacxs para el canon, la tradición y el poder.
A diferencia de la anterior afirmación sobre el Corán y la ausencia de camellos, el neomexicanismo está barrocamente saturado de sandías coloradas, de banderas y vírgenes de Guadalupe, de charros y caballos, de nopales y milagritos. Recordemos las imágenes de Julio Galán, de Nahúm Zenil, de Eloy Tarcisio, entre otrxs. No sucede así con Adolfo Riestra, él pinta peines, focos, perritos y gatitos, cuerpos de los que ya he hablado, flores y condones, deportistas, playas y muchas abstracciones. No hay en su obra neomexicanismo y quizás merezca el esfuerzo comenzar a desvincularlo para que el contexto de recepción de su obra se amplíe; que la membrana que lo cerca se rompa y su obra se desborde, como él desbordó vida.
¿Pero cómo intentar un escape de las categorizaciones? ¿Cómo comprender con otras posibilidades discursivas? No es solo lo neomexicano lo que le estorba a su obra, sino todo lo que norma la realidad. No en vano apela a una lengua diversa, a diversos lenguajes, a posibilidades ambivalentes. En algún momento impreciso inventó el neologismo “chífora” para referirse y objetar a una de sus obsesiones: lo rígido.
Con su invención de “lo chífora” aparecen como cascadas las lenguas del diablo, todo aquello que se niega a lo estricto y a lo yerto. En sentido positivo, surgen los cuerpos dóciles y plásticos que pueblan su imaginario; los troncos de sus seres tienen la flexibilidad del bambú y rehúsan la rigidez de los robles. Lo chífora es (y no es, porque escapa a clasificaciones fijas) el río de Heráclito, el libro de las mutaciones, todo aquello que se mueve y que está a punto de empezar.
Entre las posibles formas chíforas aparecen un murciélago fecundando, la rama de un árbol bifurcándose, un pene saludando al sol, una serpiente enroscándose bajo una piedra, los cuernos de un venado, los invisibles vientos de un planeta.
Lenguas chíforas, neólogas, transmutadoras, magmáticas.
Las propias formas en las que acometió el arte —sobre todo las disciplinas gráficas y pictóricas— abundan en el deseo chifórico de mutación. En el momento en que Adolfo lograba dominar algún estilo pictórico, lo dejaba, rechazando su dominio, pues lo controlable y previsible cesa de ofrecerle un espectro de posibilidades, como si el deseo estuviese satisfecho. Pintó (bien) en estilo académico, cubista (mal), realvisceralista (anormal), hizo dibujo costrumbrista, impresionista, pasó por múltiples estilo e ismos. No quiso permanecer en ninguno y tampoco procuró “inventar” un estilo propio, fiel a ese ego que rehusaba la identidad. Por eso sus dibujos son tanto de él como de sus plurales otrxs.
Este modesto esfuerzo de exhibir su Cuerpo de obra se declara parcial. No se intentó aquí una revisión exhaustiva, mucho menos definitiva. Estos signos se ofrecen separados, como un juego que permite reunir nuevamente otro cuerpo, reinventar otra forma y otra y otra. Esta exposición es una re-membranza.
Mauricio Marcin
Adendas
*** Adolfo murió en 1989 poco antes de que cayera el muro de Berlín, lo que significó el fin de un mundo posible y la instauración de otro, hegemónico, terrible. Ese momento también concentró, a través de la pandemia del VIH, una de las formas de bioidentificación, registro, control y exclusión de lo diverso. Hay mucho aún que aprender y recordar de ello.
*** Las insurrecciones sin humor son muy aburridas. La risa tiene un poder reformador que ejecuta a partir de un método: prepara y pone a la expectativa para derivar a la nada. El constante humor que destilan las obras de Adolfo nos sirve de recordatorio: a la vida se le puede sustraer su explicación. Quedamos, tras la gozosa carcajada, bajo la tutela del silencio.
1 J.L.B. reflexionó en aquella memorable conferencia de 1932, editada luego en El escritor y la tradición, sobre las relaciones entre la literatura y la identidad nacional.
2 Self portrait, Erika L. Sánchez
3 Paul B. Preciado, Dysphoria Mundi, 2022
4 El término “neomexicanismo”, se le atribuye a la crítica Teresa del Conde quien el 25 de abril de 1987 publicó en el periódico unomásuno el artículo “Nuevos mexicanismos”. Del Conde nunca menciona en ese texto el neologismo “neomexicanismos”, sino el equivalente de “nuevos mexicanismos”.
5 No es casual que el sucesor de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, impulsara como divisa embajadora a las exposiciones internacionales que postulaban una identidad mexicana resuelta durante los años en que México preparaba su alianza económica con Estados Unidos y Canadá. En 1992 (Carla Herrera-Prats estudió profusamente este fenómeno en Historias Oficiales), el año correspondiente a la propuesta del acuerdo comercial, se realizaron seis exposiciones en Alemania, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Italia y España, las cuales imitaban el modelo propuesto por Fernando Gamboa, que identificaba “lo mexicano” como la suma ininterrumpida desde lo prehispánico hasta la creación moderna del Estado-nación. Pienso en México: Esplendores de 30 siglos como cumbre de este movimiento diplomático.
Por Abraham Cruzvillegas
Musculosxs cuerpxs hechos de fragmentos de otrxs, que se transfiguran en tránsfugas de la norma, de la forma y de la horma, suicidas de Jim Jones sacando la lengüita, como la mascota recogida de la calle, mostrando la mazorca, los labios colorados, las pieles oscurecidas, con pelitos, con pelos en los sobacos, con máscaras, mascarillas, sin cubrebocas, se masturban y se acarician, se tocan las puntas de los dedos en mudras leves y equilibristas, se nos asoman los pezones, se me escurren las chichis, la panza se menea mientras hacen deporte, mientras levantan pesas, pesos pesados del paseo, se agacha, vuelve a ser nosotros, ellas, todxs junt@s, y en reversa se agacha para recoger florecillas pal florero, sin enseñar la rayita, muchas rayitas, rayas, rayas, rayas, volutas y curvas que significan ‘nube’, otras de colores que quieren decir ‘arcoiris’. Otras ‘perro’. Otras también.
Me salen brazos de la cabeza -una Kali desconcentrada y distraída- y miro mientras a mis colegas (que como deidades deben mucho a una gestualidad que quiere ser afectiva y afirma cosas que parecerían poco relevantes), con los ojos chispados, y los ojos anegados de lágrimas que se han convertido en manantiales, para la sed de tu perra, tu gata, tu cocodrila, para tu vaso de Tonalá. Páralo. Sostén una manguera, una jarrita, unos lápices, aquella trae un gorro en forma de estrella, te recuerdan a una banda de funk, toda sudada.
Sin aliento, me detengo. Me paro. Me levanto y brindo exangüe, por tu pasado de doble piel, de doble lengua, de doble raya mi cuaderno de contabilidad, con su margen rojo, ingresos y egresos son ahora rostros, retratos, personas, identidades, narices y orejas, cajas torácicas y amigos, otra vez un camarada que ladra, ambientes, situaciones. Respiro, suspiro, y la araña me reta con sus güebotes, y canta con el ano (como en ‘Pink Flamigos’), finges demencia, te volteas y buscas otros horizontes, otras rutas, no hay más, pero huele a óleo, a barro, a jarro, con agua fresquecita, agua de beber.
Otra vez en pedazos recontamos la posibilidad de ensamblarles en nuevas corporeidades, nuevas corporaciones, unas que no fueran globalizadas, ni eficientes, ni productivas, mucho menos reproductivas, pero sí placenteras y gozosas, con faldas, esgrafiadas -¡más rayas!-: brazos, piernas, manos y pies con zapatitos tipo Borceguí. Desperdigados los miembros por todos lados, se agruparían en bola, en bolas, para llamarse ‘esculturas’. Les quieren llamar ‘hieráticas’, ‘mexicanas’, pero en su rebeldía innata, se les sale del alma lo humano del cántaro, de su pastillaje chiforífico, que lo hermana con el ejército chino, y levanta su chingado grito, enarbolando como bandera unos jeans de cerámica, mientras abraza a su hermana la bombonera.
Tapándose la cara, ante cuatro mazacuatas, la calaca se hace afuera de la bacinica, a su alrededor, una mujer y su cabello, se regocijan ante el mar, el cristo encarnado en una bailarina que a su vez se rodea de una guerra, de tripas, de más máscaras, de otra guerra y que gesticula, ve allá un planeta con anillos que son serpientes -¿Serpienturno?-, y blandiendo prostéticamente un buen dildo, otra señora afirma ‘¡Qué hermosa es la natura!’; más allá la muerta muerte aguarda con su cepillito de cerda sintética a los murciélagos -que en francés se llaman chauve souris- y quienes muy entretenidos- hablan de manufactureras. La vampira dice: ‘Uy, el señor está muy gordo’, pero son solamente cuerpos con vello, canes con cacas y payasos montados en toros, ignorando la belicosidad circundante. Ay ay ay. Sangre. Paracaidistas. Un caimán. ‘Trabajar, superarse, ya habrá tiempo para reventarse’, casi ya no alcanzó a escuchar…
Las recomendaciones del artista, al pie de la letra, y sin pasarse de la raya, de tú y de Usted, para no discriminar:
‘No te metas los dedos a la boca’
Y:
‘No coma latas
No consuma medicamento
No tome mucho alcohol
No se duerma tarde
baile mucho
Adolfo Riestra 77 ’
Abraham Cruzvillegas 24

